miércoles, 10 de junio de 2026

Teatralidades latinoamericanas e impulsos liberadores en la escena

En continuidad con una ruta de investigación que ha venido indagando los aspectos políticos de los escenarios latinoamericanos producidos durante las tres últimas décadas en las que el neoliberalismo se ha impuesto en América Latina, cada vez con más fuerza, este ensayo indaga sobre los recursos o técnicas de la escena que buscan efectos liberadores y proponen teatralidades resistentes a dicha imposición. 

Hablo de liberación y de escenarios y procesos liberadores en el sentido de que ellos, desde dentro del sistema, plantean la posibilidad de una contra/otra-hegemonía que se va construyendo como una posibilidad. Estos escenarios visibilizan aquello que ha sido naturalizado, exhiben la desarticulación social a la que el sistema del capitalismo tardío ha conducido y buscan plantear la necesidad y la posibilidad de la existencia de otros sistemas de organización político-social que provean mejores modos de vida. 

Opto por usar el término "liberación" en lugar de "emancipación" desde una posición política y filosófica situada. El término nace en la década de 1970 en Argentina y responde a la necesidad de hablar no sólo de los problemas filosóficos, éticos y políticos en América Latina con conceptos europeos, sino además de hablar de ellos desde categorías que resulten de una producción intelectual situada (Ardiles et.al, 1973), aprovechando una situación de "privilegio epistémico" (Hill Collins, 1998), en el que es posible hacer de la existencia, un modo de conocimiento, para que Latinoamérica no sea siempre, solamente, un objeto de estudio desde las instituciones de los centros hegemónicos. Aunque en los diccionarios los dos términos aparecen como sinónimos, hay otras razones para preferir este término respecto de "emancipación". Históricamente "emancipación" proviene de la institución romana de la venia aetatis mediante la cual el emperador concedía derechos a los varones mayores de veinte años para disponer de sus propiedades antes de los veinticinco años, la mayoría de edad establecida en Roma. Esto tiene un origen que lo vincula con el sistema patriarcal, pues consistía en el permiso para acceder a la autonomía, es decir "permitir" desde la voz del Patriarca que la sujeción terminara; además alude a una salida de la inmadurez, idea que corresponde a la imagen que, desde Europa, se tenía respecto de América que discursivamente se la representaba como joven e inmadura. Dentro del mismo razonamiento, el concepto de "emancipación", es según Dussel "una "salida" de la inmadurez por un esfuerzo de la razón como proceso crítico, que abre a la humanidad a un nuevo desarrollo del ser humano", así se define la Modernidad desde Europa. La superación de esa Modernidad europea hacia la transmodernidad "(como subsunción y no meramente como Aufhebung hegeliana) es subsunción de su carácter emancipador racional europeo trascendido como proyecto mundial de liberación de su Alteridad negada: la "TransModernidad", como nuevo proyecto de "liberación político, económico, ecológico, erótico, pedagógico, religioso, etcétera", incluye la alteridad, de "los otros" frente al "nosotros" europeo. La Modernidad europea concibió la emancipación de ese "nosotros" sin considerar la alteridad de los "otros" (Dussel, 2000 p. 30). La liberación implicaría, más bien, la transformación del sistema vigente.

Optar por  "liberación" me sitúa dentro de las líneas de producción filosófica, ética y política latinoamericana que pasa por la Pedagogía del oprimido (1967), la Filosofía de la liberación ( 1978) y la Teología de la Liberación, (1968) y está en continuidad con la teoría de la dependencia (Enzo Faletto & Celso Furtado) que desde la CEPAL (Raúl Prebisch) discutía el modelo económico liberal exportador que restringía a América Latina a ser productora de materia prima; se proponía un modelo que no hiciera de su territorio algo destinado únicamente a la extracción de la riqueza y la plusvalía de la que se apropiaban los países "desarrollados"; un panorama similar al actual planteado por el neoliberalismo, aunque con las diferencias que ha traído la globalización del Capitalismo tardío.

Según Dussel,

 El criterio de liberación, entonces, son las necesidades no cumplidas (materiales, formales, de factibilidad) de las víctimas, vistas desde alternativas decididas discursiva-críticamente por los movimientos sociales emergentes. De donde se deduce el "Principio-Liberación", como exigencia última deóntica; que podría describirse así:

Quien reconoce responsablemente que las víctimas no pueden reproducir-desarrollar su vida ni participar simétricamente en la discusión de aquello en lo que están afectadas, está obligado a: a) negativamente, de-construir realmente las normas, acciones, instituciones o estructuras históricas que originan la negación material de la víctima; y b) positivamente, transformar o construir las normas, acciones, instituciones o las estructuras necesarias para que la víctima pueda b.1) vivir humanamente, b.2) con participación simétrica, b.3) efectuando realmente las exigencias factibles o alternativas que consiste en transformaciones, sean parciales o estructurales. A todas estas acciones transformativas la denominamos praxis de liberación. (1998 p. 27-28).

 

Las producciones teatrales latinoamericanas de la estética liberadora, serán aquellas que dibujen un horizonte formado por el respeto a la vida y a los derechos políticos, económicos y sociales de todos aquellos involucrados en el contexto en el que se produce dicha escena. Dicho horizonte funciona como una idea reguladora, un telos hacia el cual la escena teatral intenta encaminarse mediante técnicas teatrales cuya jerarquía de valores ponga en primer lugar el derecho a la vida digna y que posibiliten, con una heterogeneidad de teatralidades, la aparición de una otra-hegemonía a partir de la formación de nuevas subjetividades.

El mundo en el que se encuentran inmersos los sujetos productores teatrales de fines del siglo XX y XXI, es el mundo capitalista neoliberal que ha cooptado y producido una subjetividad configurada desde el paradigma empresarial y gerencial de la propia existencia (Alemán, 2016 p. 14); una subjetividad afín a "la voluntad del capital por perpetuarse", que sobredimensiona la importancia de encontrar el goce individual y subjetivo cumpliendo deseos impulsados y alimentados por este mismo sistema (i.e. el consumismo). Esta subjetividad garantiza la sumisión, aparentemente no impuesta, a mandatos no explícitos producidos desde una serie de dispositivos. Esta subjetividad construida, parece ser suficiente para el mantenimiento y dominio del Capitalismo neoliberal que ha producido "la naturalización de las exigencias a través de significantes agradables de malestares insolubles"(Goldman s/p). 

Las acciones y organizaciones de algunos grupos teatrales y sus propuestas escénicas tienen la posibilidad de corroer el sentido común implantado y visibilizar la lógica y las creencias necesarias impuestas como sentido común. En estos escenarios emerge el sujeto colectivo que aspira a hacer consciente la subjetividad construida y naturalizada, desestabilizarla y exigir un contexto político, económico y social que provea acaso una mejor existencia, con la vida como prioridad fundamental. A estas teatralidades les adjudico una estética de la liberación. 

Los escenarios teatrales de los que este ensayo trata no piden permiso para presentar sus desacuerdos con el sistema neoliberal, como tampoco para buscar autonomía respecto de la subjetividad neoliberal y los modos de vida, usos y valores que éste jerarquiza. Se trata más bien de una toma de posición consciente involucrada íntimamente con el contexto social y político de los sujetos productores e integrantes de los grupos teatrales ,de los que hablaremos a continuación; son escenarios conscientemente resistentes al statu quo.

 

Estética teatral de la liberación 

Somos "seres en el mundo" situados/as ante fenómenos de todo tipo que afectan de diversas maneras nuestra subjetividad; tal como lo explica Dussel, es nuestra "sensitividad-inteligente o nuestra inteligencia-sensitiva" la que posibilita la apertura al mundo en el momento ontológico de la aisthesis (apertura)para pasar luego al momento expresivo-productivo (óntico) de la poiesis .La escena teatral se instaura entonces desde la aisthesis (apertura al mundo) como valor estético que se constituye por la posición fenomenológica del sujeto ante el objeto [la sociedad, la política, el statu quo] que es interpretado como disponible [o no] para la vida (2017, p. 31-37); surge una interrelación que no es ni subjetiva ni objetiva, sino que se construye en esa relación de sujeto-mundo que se expresa en la escena teatral. Sin embargo, creo importante agregar una dimensión en esta relación entre la apertura al mundo y la poiesis. Propongo que en ese puente que se construye entre la apertura al mundo (aisthesis) y la poiesis (producción) hay que agregar la respuesta, consciente o no, a la atmósfera afectiva que presiona desde el contexto que, en los casos que nos competen, asfixia la vida.

Esta dimensión agregada enfatiza la cualidad dinámica-afectiva-epistemológica de esta interrelación entre productor, proceso y producto y reconoce en el productor una actividad que involucra tanto los sentidos como la razón, que evita considerar la aisthesis, como una apertura pasiva al mundo. En ese mundo al que se abre el productor existen sistemas de vida, de controles y de poder. La producción (poiesis) exhibe la respuesta, frente a ese mundo, con imágenes, palabras y emociones que involucran posiciones ideológicas y políticas. La poiesis es entonces el resultado de la apertura al contexto y la concreción de las respuestas a la atmósfera político-afectiva, proveniente del "mundo de afuera" que impacta y presiona, en diverso grado y modo, en los productores generando respuestas que se teatralizan de diversas maneras (poiesis)

La relación dinámica y múltiple, arriba planteada, toma formas diversas en la escena según el tipo de objeto que se construya, el contexto (mundo) en el que surja, la presión de la atmósfera político-afectiva (o la afectación recibida desde el contexto) y la respuesta a ella desde los productores; en el tipo de respuesta impactan los elementos integrantes de la subjetividad del productor (ideología, formación, elementos a su disposición, tipo de escena a construir, recursos, etc.). Todo ello en múltiples formas dando lugar a poéticas políticas plurales liberadoras. 

Propongo ampliar la propuesta de Dussel desde una reflexión que parte de la observación de la praxis teatral de los grupos que analizaremos en este ensayo. Planteo la Estética teatral de la liberación como aquella que produce escenas teatrales que construyan y articulen puentes imaginarios, visuales o textuales, entre la apertura al contexto-mundo (aisthesis) y su impacto en la subjetividad y que dé lugar a una producción escénica  (poiesis) favorable a la conservación y mejora de la vida y/o se opongan o rechacen aquellos contextos que no sean propicios para la misma. Los casos que interesan para esta propuesta expresen la demanda de una vida plena. Por otra parte, la belleza se percibe como una categoría ética y estética definida como la emergencia en la escena de la aspiración o exigencia de la "buena vida": Sumak kawsay (Dussel, 2021b p. 6), que surgiría en el espacio imaginario poético ficticio de la escena teatral.

 

La respuesta al contexto neoliberal: escenarios que potencian la liberación

¿Cuáles son las posibilidades 

de politizar la desidentificación, 

esa experiencia de reconocimiento errado, 

ese incómodo sentido de estar bajo un signo

 para el cual uno pertenece y no pertenece? 

(Butler en Athanasiou, 2015 p. 377)

 

Algunas teatralidades latinoamericanas permiten vislumbrar la contingencia de la estructura neoliberal, la misma que despliegan como un espacio para la muerte.  Intentaremos identificar, en este ensayo, los artificios y técnicas teatrales liberadoras, que involucran afectos, cuerpos, poesía, espacios imaginarios, modos de organización y nuevas jerarquías éticas y estéticas, que crean espacios de emergencia de sujetos y espacios en los que se construyen subjetividades alternativas.

Las teatralidades liberadoras de "lo político" que se despliegan en los contextos del paradigma neoliberal y el sentido común naturalizado, señalan la necesidad de des-construir la subjetividad armada desde el neoliberalismo que ha asimilado el cumplimiento del deseo con el consumo, el éxito como criterio último de valor y su alcance como tarea y responsabilidad individual. El olvido del "otro" en función de mi propia realización basada en estos valores aparece naturalizado.

Estas escenas transparentan un impulso vital que escapa a la cooptación de la lógica capitalista neoliberal y denuncian la muerte social frente a la desarticulación de identidades y subjetividades; ellas articulan la experiencia de la fractura social captada por la sensibilidad del sujeto productor desde su cotidianidad y expresan la emergencia de una nueva y diferente estructura del sentir (Williams, 1977 p.128-135) y el rechazo al sujeto neoliberal, apropiado para el mundo, en el que la competencia por el éxito individual(fundamentalmente económica) es el valor y la medida trascendente y el dinero el valor de mayor jerarquía.

Interesa considerar estas las teatralidades como "aparatos liberadores", como sistemas de relaciones que surgen entre elementos discursivos y no discursivos heterogéneos, que tienen como función estratégica responder a una necesidad urgente y que consisten en "una cierta manipulación de las relaciones de fuerzas [entre la imposición neoliberal y la resistencia], ya sea desarrollándolas en una dirección particular, bloqueándolas, estabilizándolas, utilizándolas, etc." (Foucault, 1980 p.196). 

Las producciones teatrales aquí consideradas desenmascaran y resisten las condiciones neoliberales y rechazan la subjetividad construida y naturalizada, mediante elementos discursivos y no discursivos, consciente o inconscientemente. Estas teatralidades muestran el reverso del guante del discurso neoliberal que pretende dibujar una totalidad sin fisuras fundada en la falsedad de una "igualdad de oportunidades", en un mundo homogéneo inexistente; una falsedad armada discursivamente que deja afuera a los sectores refractarios al sistema neoliberal y que éste no puede integrar. 

La escena teatral liberadora exhibe la presencia de múltiples demandas desde esos sectores. En este ensayo reflexionaremos sobre el movimiento de teatro comunitario y el artivismo feminista que articula dichas demandas en sus producciones. 

Los escenarios de la liberación intentan poner en evidencia, con pequeños pasos construidos teatralmente, las consecuencias de la absorción de la subjetividad neoliberal por el sentido común y su predominio a nivel de relaciones sociales y en la vida política. Ellas exhiben las consecuencias de lo anterior en múltiples niveles objetivos: el abandono de los otros y su desintegración, la destrucción de los lazos sociales y la presencia de una jerarquía de valores y una ética en las que la vida ocupa el último lugar. 

Desde este planteo abiertamente político, no interesan para nuestro propósito, las escenas teatrales con procesos y lógicas internas que no desafíen los contextos y las estructuras neoliberales. Ellas se caracterizan por la ausencia de una lógica alternativa liberadora y adhieren --consciente o inconscientemente-- al sentido común neoliberal; se someten al régimen de subjetividad impuesto por el capitalismo y sus correspondientes valores.

Las producciones teatrales de la estética de la liberación tienen una funcionalidad política y,  en algunos casos, no son sólo la expresión del rechazo a la racionalidad neoliberal sino también tienen la capacidad de remover/ cambiar/ transformar los espacios políticos e institucionales que a veces rebasan la institución teatral como es el caso, por ejemplo, del Teatro comunitario argentino (1983-) y del artivismo feminista. En los dos casos se articulan una diversidad de sujetos con sus demandas. Estos dos movimientos colectivos han logrado inscribir alguna transformación dentro del sistema. 

 

El movimiento del teatro comunitario argentino (1983-), nuevos sujetos y la emergencia de una nueva subjetividad

 

… su originalidad posiblemente haya radicado 

en atreverse a descomponer sus destinos de expulsión y/o 

empobrecimientos materiales, simbólicos relacionales. 

 (Fernández, 2006 p. 30)

 

...cuando nos ponemos un sombrero, 

o nos pintamos un lunar… 

parece que el mundo se nos abre…

 (Lucía Cantero, Los Cruzavías 2005)

 

Yo nací de nuevo 

(María Puyot, Los Cruzavías, 2005).  

 

El movimiento de teatro comunitario surge de los vacíos que la política de la globalización neoliberal ha promovido en los pueblos y comunidades con una multiplicidad de demandas insatisfechas; partió siendo una estrategia de supervivencia (Proaño, 2013 p. 117-139), pero logró instalar una “voluntad política horizontal y autogestiva” (Fernández, 2006 p. 15) y construir y articular, escénica e imaginariamente, por oposición al vacío del presente neoliberal, ese resto "no sujetado". Los grupos mediante la producción de una dinámica que interrelaciona el  nivel individual con la comunidad teatral y el contexto, causan la emergencia de una subjetividad socio-política que se aleja de aquella configurada por formas y categorías que constituyen la subjetividad neoliberal y que posibilita un nuevo modo de entender lo “objetivo”: las normas, las instituciones, el espacio e incluso el posicionamiento de los individuos dentro del entorno social. Al respecto Fernández observa en las Asambleas populares surgidas a raíz de la rebelión del 2001 en Argentina, que 

La producción de subjetividad... engloba las acciones y las prácticas, los cuerpos y sus intensidades... se produce en el entre con otros [es]... un nudo de múltiples inscripciones deseantes, históricas, políticas, económicas, simbólicas, psíquicas, sexuales, etc. [Es necesario pensar] la articulación entre los modos sociales de sujeción y su resto no sujetado. (2006, p.9)

La experiencia grupal que les permite pasar del lenguaje a la acción o del deseo a su realización (parcial), modifica su entorno y sedimenta la formación de un sujeto colectivo que puja por dar forma a una nueva subjetividad, una hegemonía (otra) en la que, frente a la pretendida homogeneización neoliberal del mundo, prevalezca la heterogeneidad. Esto genera los intentos de construir, en la organización del grupo y teatralmente, el objeto imposible: la sociedad ideal (Stavrakakis, 2005 p. 4). 

La producción de una subjetividad comunitaria diferente, en los grupos de teatro comunitario, puede entenderse como “el proceso de articulación de significados que se vincula con las formas de dar [otro] sentido y desarrollar [diversas] acciones", como un “proceso móvil que articula elementos (códigos) heterogéneos (cognitivos, emotivos, éticos, estéticos, etc.) para revestir de significado [alternativo] a situaciones particulares” (Retamozo, 2006 p. 10); da paso al surgimiento de una subjetividad distinta, colectiva que se forma a partir de la pertenencia al grupo que la entreteje y la adopción de nuevos valores y nuevos modos de acción. Surge un nuevo sujeto social junto a procesos subjetivos identitarios individuales y grupales. Todo ello exige, tal como algunos integrantes narran, "deformarse respecto del individualismo, del adaptarse a las normas puestas no sabemos por quién... Acá me estoy ... cambiando la formación que he recibido en otro lado" (Los Okupas, 2003 Entrevista). Es indispensable borrar aquello aprendido por la educación/instrucción del sistema institucional, aprender otros modos, valores, deseos y modos de satisfacerlos no conformados por el neoliberalismo. "Deformarse" significa liberarse de aquello que está naturalizado por el sentido común. Esa deformación aprovecha lo no sujetado por el Capitalismo: se rechaza la identidad impuesta y se construyen alternativas; buscan el cumplimiento de metas y deseos no dependientes del mercado, eligen actividades que no tienen remuneración económica e invierten tiempo en el placer sin exigencia de plusvalía. Los Okupas del Andén, en la entrevista realizada en el 2003, hablan de liberarse de las “armaduras”, del “encasillamiento”, de la fe a-crítica, liberarse de lo que afirman los noticiarios de la televisión y la prensa; se ufanan de haber conseguido “desenchufarse” de la estructura impuesta, en tanto ésta les asigna un lugar particular en el sistema de reparto del modelo. 

Siguiendo a Holztman podemos afirmar que los integrantes de los grupos de teatro comunitario se convierten enperformers activos de su propia vida (1997, p.43). Este es el espacio del “experienciario” que, según Fernández (2006), consiste en establecer situaciones en las que se “...inauguran otros modos territoriales de estar-hacer-habitar que configuran un tipo particular de prácticas y subjetivaciones” que dejan particulares marcas en quienes participan en ellas y buscan multiplicar potencia (2006, p. 263): son espacios permanentes de producción de subjetividad (2006, p. 12), en un proceso que les posibilita el alcance de derechos y metas antes inaccesibles. Esta nueva subjetividad social no queda encerrada en el ámbito escénico, sino que empieza a actuar en espacios comunitarios variados. Como hemos visto, el desborde de lo político se concreta en los acuerdos y tareas realizadas en la comunidad muchas veces en conjunto con otras organizaciones no gubernamentales, alcanzando transformaciones que tienen cierta permanencia, lo cual agrega a su carácter liberador (Proaño 2013, p.84-91) . 

Los procesos de creación teatral y funcionamiento de los grupos logran en mayor o menor medida, una relativa liberación de sus integrantes respecto del sistema dominante. Ellos, mediante la dinámica del grupo y del trabajo comunitario, toman conciencia de las contradicciones y alcanzan profundos niveles de comprensión de su realidad histórica y política circundante. Abren entonces el camino para la liberación individual y, en un polo lejano, para la liberación social que se plantea, primero como la toma de conciencia de la contingencia de la historia y la política, y luego como la posibilidad abierta de modificarla. 

La nueva subjetividad –que niega la identidad impuesta y el lugar asignado a la existencia, la vida y los deseos—empieza a existir, gracias a la transferencia de la nueva auto imagen al orden simbólico del lenguaje mediante su trasposición al escenario. Los sujetos se identifican con la exterioridad, que implica el grupo de teatro, que les devuelve a cada uno de ellos una imagen más estable y unificada. Esta no queda encerrada en el ámbito escénico, sino que empieza a actuar en espacios comunitarios variados y da lugar a diversos proyectos e intervenciones locales. 

En el teatro comunitario liberador emergen los valores tachados por el neoliberalismo: la solidaridad, la incorporación de sectores sociales problemáticos o excluidos, la enseñanza y el entrenamiento teatral gratuitos; la comunicación directa sin mediaciones con la comunidad más amplia; el contacto humano cercano al cual colabora el espacio y su diagramación en las funciones y una complicidad emocional, humorística y cognitiva producida por un discurso que se aleja del elitismo. A esto se suma el carácter colectivo, tanto como es posible, de la elección de temas y escenas de los espectáculos, que afirma la horizontalidad en el derecho a la producción cultural. Esta teatralidad comunitaria propone una lógica distinta al darwinismo de la lógica y la racionalidad instrumental propias del neoliberalismo. Su conformación grupal colectiva, solidaria e igualitaria contrasta con el individualismo. Finalmente, su constitución heterogénea compuesta por una variedad de individuos de distintas capas etarias, diversa formación profesional, pertenecientes a una pluralidad de ámbitos de trabajo, contrastan con la pretendida homogeneidad del sujeto y la subjetividad del Poder del Capital.

El movimiento de teatro comunitario argentino abre un cauce donde fluye un sentido liberador que, una vez agitado, altera las relaciones socio-políticas del entorno. Todas estas características contrastan con la política de eficacia económica del neoliberalismo, desde cuyos estratos se toman decisiones que deciden sobre la vida y la muerte de los individuos; la organización comunitaria resiste a los controles del cuerpo social que, desde la biopolítica, con "una serie de cortes y de umbrales ... se decide la humanidad o la no humanidad de individuos y grupos" (Giorgi, 2009 p. 30-31) y en función de ello, se recorta el derecho a la vida de aquellos no útiles para el sistema. 

Una vez que el grupo y los vecinos toman conciencia de su capacidad creadora y de la posibilidad de resistir a modos de vida instaurados como “naturales” aparece lo que Antonio Negri ha denominado “el monstruo”, aquello que resiste la captura del biopoder. Negri afirma que hay “…pasiones gozosas a través de las cuales podemos investir esa metamorfosis que hace del monstruo un sujeto… Ser ‘monstruo’ hoy significa ser un sujeto común, una fuerza colectiva, ser otro.(2009, 134-135). 

El teatro constituye un producto cultural liberador en tanto es productor de sujetos y subjetividades alternativas que logran pivotear el sistema y oponer la biopotencia al biopoder. Incluso, en algunos casos, han logrado incorporar algunos cambios al sistema, por ejemplo obtuvieron el reconocimiento del Teatro Comunitario por el Instituto Nacional de Teatro como "teatro independiente", lo que les dio acceso a subsidios y becas y en otros, algunos integrantes de los grupos más marginales lograron ser parte de las decisiones administrativas de sus pueblos.

El camino a la liberación se produce por la revelación de lo que el discurso hegemónico oculta, en el descubrimiento de esa "otra" historia y en la parodia las acciones políticas para denunciarlas. La escena comunitaria, además, niega que el statu quo sea lo óptimo y que, en tanto tal, sea inmejorable: descubre el lado oscuro y engañador del sistema y lo rechaza. Finalmente, sus integrantes reclaman el derecho a ser productores de cultura y no solamente pasivos receptores. Todo esto es liberador pues dota de poder a sus integrantes cuando funciona como un lente que les permite descubrir otras alternativas organizativas, otros modos de ver el mundo y descubrirse como sujetos con capacidad de agencia política. La realización y persistencia de los grupos de teatro comunitari, que en la actualidad son más de cuarenta repartidos en todo el territorio argentino, habla por sí sola de la apertura de espacios de subjetividad liberadores donde sus integrantes encuentran modos de vida más plenos y una resistencia al espacio de muerte construido por el neoliberalismo. 

 

Artivismo feminista popular y la emergencia de una nueva subjetividad

 

La aparición, el quedarse parado, la respiración, el movimiento, el detenerse, el habla y el silencio son todos elementos que forman parte de una asamblea imprevista, que sitúa la vida vivible en el primer plano de la política (Butler, 2017 p. 25)

 

ARDA - colectiva (sic) artivista feminista argentina que, a partir del 3 de junio de 2017 adopta su nombre, se describe como formada por "autónomas, autogestivas, apartidarias, periféricas y esperanzadamente rabiosas" y afirma "okupa[r] las calles en resistencia creativa y multiplicando acciones en red". Ya desde el 28 de septiembre de 2016 habían empezado a artivar y realizado una serie de acciones entre las que podemos nombrar:  "Lxs niñxs no mienten" (2016-2020),  "Estamos acá" (2018-2020), "Pecar, okupar, morder" (2018), "Pañuelazo: abortamos" (2017-2020), "Nombrarte, Lucía" (2016-2019), "Acción vigilia por el aborto legal" (2018), "No pasarán" (2017-2019), "Acción volcán" (2019) entre muchas acciones realizadas en marchas, concentraciones, espacios públicos, barrios, encuentros regionales y plurinacionales (Garcia, 2021).

Las acciones del colectivo ARDA proponen, siguiendo el feminismo popular, la despatriarcalización y la defensa de la autonomía. Su artivismo amplía las temáticas de discusión incluyendo en el debate temas no considerados por el feminismo liberal clásico: los problemas de tierras, territorios, cuerpos y representaciones y la asociación entre feminismo y pensamiento situado, alimentado y producido desde una situación histórica concreta: el dominio Capitalista Neoliberal en su alianza con el Patriarcado, controlador de subjetividades alternativas no normalizadas, cuerpos y espacios, agudizado en la Argentina a partir del 2015.

ARDA instala su presencia en el medio del campo político para reclamar corporalmente condiciones económicas, legales y sociales que superen la precariedad y las limitaciones que provienen del régimen neoliberal patriarcal; es el reclamo de este sujeto plural y colectivo feminista a no ser considerado como un grupo “desechable” (Ni una menos); es la lucha contra el biopoder que, mediante la ley y el dominio de la subjetividad, cercena derechos y causa lo que Membe (2011) ha llamado necropolítica que se concreta en el feminicidio. Estas acciones artivistas feministas, expresan otras posibilidades de existencia que involucran otra lógica y otra ética y dan lugar a la visibilización y rechazo de la subjetividad --tanto masculina como femenina- impuesta por el neoliberalismo. Sus acciones configuran, por tanto, una estética liberadora.

La “presencia” del cuerpo plural y colectivo, es el elemento nuclear para superar los límites impuestos a estos sujetos por la normalización capitalista-patriarcal: el colectivo plantea el derecho al deseo, cuyo único fin no sea la producción de cuerpos aptos para la explotación capitalista y el aceitado del engranaje del aparato mercantil. La desnudez exhibe el cuerpo deseante y reclama el derecho de los cuerpos a mostrarse y a ser vistos, el derecho al placer y a la sexualidad sin la connotación mercantilizable. Los cuerpos, los cantos y los gestos sueltan las amarras que los sujetan y ponen a la vista la “exclusión constitutiva”(Mouffe y Lacau en Butler, 2017, p. 12) sostenida en el aparato legal institucional y en la tradición, e intentan activar tanto aquellos aspectos que han logrado no ser "sujetados" o los que logran liberarse en el sujeto plural y que empiezan a emerger por la fuerza generada colectivamente. 

El colectivo se toma el espacio "ajeno" –son "ocupas de la calle, del "deseo" y de sus "cuerpos"(Canto ARDA)–. Su presencia en el espacio no asignado y su performatividad gestual asevera su liberación: la búsqueda y en parte el logro de su autoafirmación y su autonomía, emitiendo un discurso inapropiado para sujetos no binarios, no reconocidos con todos sus derechos en el espacio público-político neoliberal. Estos cuerpos se muestran en el centro simbólico de la acción política donde emerge el espacio de aparición: el Congreso y la Plaza de Mayo y sus aledaños. Estas infraestructuras—calles, plazas, edificios, monumentos—espacios abstractos, entendidos en toda su complejidad se convierten en performers de la acción. La calidad institucional y el significado político de esos espacios evidencian la exigencia de escucha al sistema y sus instituciones. Los colectivos artivistas feministas ejercen lo que Butler llama “el ejercicio peformativo de su derecho a la aparición… una reivindicación corporeizada de una vida más vivible”(Arendt en Butler, 2017 p. 31)

La funcionalidad de la subjetividad que emerge desde las acciones sobrepasa el grupo artivista pues, además de que sus integrantes se ven impactados y muchas veces transformados por la acción misma, esta produce un “nosotrxs” presencial o virtual, que se expande por contagio.

Nos detendremos en el recurso liberador artivista, a partir de lo que Butler ha llamado la "performatividad del género" (2007 p. 17) que implica que los comportamientos y definiciones que arman los roles de género correspondientes a la subjetividad capitalista neoliberal son pasivos de modificaciones en tanto ellos han sido marcados performativamente, desde el nombre adjudicado al momento del nacimiento. Las acciones artivistas de ARDA modifican performativamente lo "natural" y exhiben la existencia de otros cuerpos y la posibilidad de actuar en formas diversas y alejadas de roles, posturas, discursos y gestos que conforman la subjetividad de los cuerpos no masculinos normativizada. El desafiar la norma y la institucionalidad es dar lugar a nuevas estructuraciones sociales y políticas y a la aparición de otros sujetos que pasan a ocupar el espacio público. Por ejemplo, la discusión pública del derecho al aborto, la decisión del sujeto gestante sobre su propio cuerpo, la exigencia de este derecho son consecuencia de la difuminación del límite impuesto por el neoliberalismo, que había condenado el asunto a la privacidad, a la clandestinidad y a la ilegalidad. Las acciones artivistas de ARDA como parte del movimiento feminista amplio son "actos instituyentes" cuyas repercusiones legales e institucionales transfieren sus efectos y exigencias a un espacio de permanencia institucional (i.e. La sanción por el Congreso Nacional de La Ley del Aborto).

La resistencia al patriarcado y al Capitalismo Neoliberal constituye el núcleo más duro del accionar de ARDA. En su organización, van contra el marco político-ideológico formateador de subjetividades. En sus cantos y sus propuestas, el colectivo va en contra de la individualización de la responsabilidad y el solipsismo egoísta; rechaza las restricciones espaciales–privado/público–, corporales–binarismo–, deseantes y sexuales–control sobre el cuerpo y la reproducción– constreñidas por la norma standard. La resistencia del colectivo a la subjetividad neoliberal se lee ya en su nombre: ARDA que en sus cánticos rituales alude a la quemazón de todo aquello que hay que eliminar.

Los procesos liberadores son conceptuales y performativos. Contra la sicologización del feminicidio, se lo identifica como un acto político ideológico proveniente del patriarcado en aras de mantener su dominio (Femenías, 2011 p. 97). La afirmación de la necesidad de la colectivización del sujeto pone en jaque al individualismo solipsista neoliberal. La preminencia de los aspectos corporales y sensoriales genera una atmósfera afectiva que invita a la complicidad en la emoción y el cariño, en la cercanía de los cuerpos. El espacio de aparición da lugar a un espacio afectivo queno desaparece necesariamente con el final de las acciones. La gestualidad corporal tiene también un rol liberador importante. Los cuerpos en "presencia"–firmes, erguidos, plantados sobre sus piernas y con la mirada alta y desafiante–se alejan de la posición "virginal" y "sumisa" tradicionalmente adjudicada como lo "normal" y lo "natural" en los sujetos femeninos o feminizados 

La presencia de los cuerpos desnaturalizantes de la subjetividad neoliberal es un síntoma de que se está deslegitimando el sistema; esta presencia genera vectores de fuerza que no es posible invertir y que ponen en cuestión las normas que reglan las vidas y los cuerpos; propone una subjetividad alternativa, rebelde e inclusiva con conceptualizaciones diferentes, corporalidades, gestualidades y lenguajes alternativos fuertemente relacionados con su condición orgánica y que se sintetiza, por ejemplo, en la inscripción del cuerpo como "tierra de libertad". Lo orgánico y lo conceptual se organizan como un conjunto de relaciones, gestos y movimientos que producen un acto de habla que va más allá de la verbalización: los cuerpos son la precondición de la reivindicación política, completan y refuerzan con su presencia y su gestualidad las condiciones necesarias para la construcción de una nueva subjetividad y dan inicio a su aparición.

Los aspectos que logran escapar de la normatividad de la subjetividad neoliberal en el sentido común, emergen mediante la desnaturalización de la muerte (femicidio), la exigencia del reconocimiento del derecho al deseo y al placer, la exhibición de la construcción discursiva de la categoría de género con todas sus implicaciones y la exhibición de la falsedad del binarismo genérico.

 

Conclusión

La mirada funcional-relacional que vincula la respuesta a la apertura al mundo–contexto– desde el/la productor/a y la poiesis que se cristaliza en la respuesta escénica, subraya el carácter necesariamente situado tanto del producto como la necesidad de que así sean también nuestras investigaciones que necesitan considerar las relaciones de las producciones teatrales con el mundo en el que se inscriben. La escena y sus teatralidades son artefactos culturales, no un acto de creación ex-nihilo; ellas son producto del impacto del contexto histórico, político y social que afecta la sensibilidad, las formas de vida y los modos de conocimiento de los productores. En el mundo actual con el neoliberalismo rampante, estas teatralidades son la expresión de la toma de conciencia y el rechazo a esa subjetividad conformada y naturalizada. Este impacto se expresa en imágenes, palabras, gestos y todos los recursos de la escena teatral producida por este sujeto colectivo sobre el que reflexionamos, que bajo el nombre de "teatro comunitario" y "ARDA" logran la emergencia de una voluntad colectiva a pesar de la heterogeneidad que los caracteriza.

Estos productos evidencian la contingencia de la estructura contemporánea en sus procesos y producciones y resisten, por ello, al determinismo causal; permiten vislumbrar un mundo más allá del estado de cosas dado. El acontecimiento teatral así comprendido tiene cierto parentesco con la utopía, como la búsqueda de otros modos de existencia en los que la vida se potencie y ocupe lugar prioritario en la jerarquía de valores. 

Observamos una serie de recursos liberadores: momentos de reconocimiento de espacios de vida y/o de denuncias respecto de su falta; escenarios en los que aparece el bosquejo de personajes que resisten la subjetividad neoliberal y que abren la posibilidad de una conformación distinta. La teatralidad liberadora tiene también cierto impacto político: sus procesos y sus resultados plasmados en la escena, suscitan el surgimiento de una discontinuidad de la experiencia vital cotidiana y una mutación en la sensibilidad que causan el aparecimiento de otros mundos y deseos que se presentan como posibles. Estas estéticas revelan estructuras y sistemas invisibilizados constituyentes del statu quo, relativizan la relación entre significado/significante; ponen en duda la esencialidad de lo existente, de los modos de vida y de la organización socio-política normalizada y aceptada por el sentido común. Finalmente, logran en ciertos casos, producir "actos instituyentes" en tanto, eventualmente, inscriben las demandas dentro de las instituciones (Alemán, 2016 p.50)

Estas teatralidades conforman una superficie de inscripción liberadora en la que los sujetos se articulan en una "voluntad política" para proponer una contra-otra hegemonía con otra lógica, otra ética y otros modos de conocimiento que se separan de la integración al circuito de la mercancía como último fin. La escena se despliega como un espacio de objeción en el que se producen sujetos capaces de diferenciar el deseo del consumo, en la que se vislumbra la posibilidad de disputar lo que es el/la humano/a y provocar una ruptura o al menos un cuestionamiento a la dominación neoliberal internalizada que se ha vuelto constitutiva y que enmarca deseos y modos de existencia (Alemán, 2017 p. 61-66).

La poiesis, en tanto producción escénica, construye puentes imaginarios, visuales y textuales entre el impacto en los productores, causado por la apertura sensible al contexto-mundo situado y su concreción en el producto teatral; en ella aparecen aspectos emocionales y perceptivos junto con la incorporación de la afectividad en el proceso del acceso al conocimiento ( cognitio-sensitiva). La poiesis que consideramos integradora de la estética descrita, es aquella en la que se visibiliza lo invisiblizado, en la que se proponen lógicas distintas a las del Capital (Ranciere, 2001); en la que aparecen aquellos que han quedado fuera de la falsa totalidad neoliberal (Ranciere, 2001); aquella en la que aparece el viso de la conformación de una subjetividad distinta a la que apuntala el neoliberalismo (no al consumidor consumido) y que despierta en los productores y espectadores el reconocimiento de las potencias no desarrolladas del sujeto y su posibilidad de convertirlas en acto (Virno, 2003) para lograr una estructura social distinta que facilite una mejor vida.

La escena teatral y sus técnicas liberadoras, ejecuta e incorpora su propuesta en los cuerpos, en los objetos y la retórica de la escena; ubican el querer vivir propio sobre el querer vivir del soberano, expresan la voluntad/deseo de una mejor vida (Dussel, 2017); Despliegan la potentia como posibilidad de poder (Ranciere, 2001); afirman la posibilidad de la actualización de potencialidades no realizadas pero presentes (Virno, 2003) y abren el horizonte de lo posible (Roig, 1995).

La atmósfera afectiva generada por la presencia del neoliberalismo nos permite observar la dinámica que, viniendo del sistema en el que la vida de los integrantes del teatro comunitario y del colectivo ARDA está inserta, produce emociones y reacciones políticas, ellos expresan visiones y modos de vida que van directamente contra la “normalización” del statu quo y de la subjetividad asumida en el sentido común. La teatralidad colectiva que hemos tratado se revelan como una reacción a la afectación que les llega desde el exterior y por tanto, es posible, desde la investigación, relacionarlas con el conocimiento y la reflexión que emergen de los integrantes de los grupos, al considerar su situación en el mundo argentino contemporáneo. Las propuestas incluidas, escenifican un pensamiento en acción que pone la vida como el límite de la manipulación y el ejercicio del biopoder del Capitalismo neoliberal. 

 

REFERENCIAS

 

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